sábado, 26 de enero de 2019

Diálogos ficticios

Caserón señorial en pueblo navarro, invierno y olor a troncos en la chimenea, encerado de los suelos de madera, olor a libros y cultura. Dos hermanos que se admiran y se respetan. Uno es pintor y otro escritor. Entre ellos hablan sin tapujos sobre sus creaciones y personas.

Darío
Con el tiempo, al igual que otros escritores (Benedetti por ejemplo)  has ido acentuando la asimetría de tu rostro. Un lado retraído y tímido que mira desde lejos  y otro que se acerca, que se adelanta en tu cuerpo, para saber de cerca que ocurre. Tienes dos miradas en una. No me extraña que seas contradictorio, que lo mismo un día seas conservador que otro de izquierdas. Si tuviera que escribir la historia de tus ojos, saliéndome de mi oficio y metiéndome en el tuyo sería algo así:  -Entonces, un buen día, después de mucho querer comprender el mundo a través de la observación y el pensamiento, como si el mundo fuese un trozo de vida que se pone en un microscopio para estudiarlo, se dio cuenta que su ojo derecho se habia abultado para siempre y que no guardaba ninguna relación con su ojo izquierdo.-

Fernando 
No me ofende, porque es cierto. De ti diré cosas más amables. Tienes muy interiorizada la fuerza del trazo, la expresión violenta y a la vez matizada por la sensibilidad de tu personalidad que se esfuerza en complacer. Se ve que te has pateado el Prado  y que la impresión de Goya y sus grabados te ha hecho mella. Yo veo en sus obras y en las tuyas pequeñas narraciones o relatos pendientes de que alguien los escriba. En los grabados de Goya hay una frase, que orienta el dibujo. Por ejemplo: “El sueño de la razón produce monstruos” Podría ser la portada de cualquier novela. Lo mismo ocurre con algunas de tus obras y de hecho las uso como reclamo de mis libros. Sin embargo, tú  nunca quemas tus naves para ser exclusivamente pintor. Hay gente que se quita importancia  y ese eres tú. Lo mismo ocurre con todas tus pinturas; parecen como un hobby tuyo a pesar de ser siempre muy buenas.

Darío
Ya pero al menos estoy integrado en el mundo. A ti te llaman la atención los inadaptados porque eres inadaptado. Estudiaste medicina porque así lo quiso madre. Porque quería tener un hijo médico y bien situado. Pero no te adaptas y prefieres vivir a tu aire. Pasar de paso por la vida, sin más. Por eso te gusta tanto la ausencia de moral. Y también de obligaciones. Ello te permite acompañar en su camino a tus alter egos, a todas las formas posibles que se te ocurren de ser sin comprometerte con ninguna. Sin embargo tu apariencia es moral, de hombre de orden. Pero es una pose; sin seguir los criterios establecidos, satisfaces en algo el proyecto que desde niño te dejo tu padre: que fueras un profesional.

Fernando
Es lógico que no me interese la moral. A mí lo que me gustan son las novelas que no tienen  principio ni fin, las que reflejan la vida. No me salgo de mi destino una vez que he sentido un flechazo por la literatura. En tu caso no es así; vas de una actividad a otra  porque eres listo y cerebralmente dotado para ello, pero te falta un sentimiento de pertenencia. Por eso te sientes intruso en todas ellas, porque no has conectado con tu corazón en el sentido de a qué quieres dedicar tu inteligencia el resto de tus días. Parece mentira que yo, cargado de escepticismo, de ningún romanticismo te tenga que explicar esto.

Darío
Hay en ti una falsa modestia. Te presentas como si fueras uno más de tus personajes perdedores. Sin embargo, tienes una mirada de la realidad, como muy desde arriba,-cargada de superioridad- como si vieras más tiempo que el resto de la gente. Una realidad más amplia que la mayoría. Sin embargo, todo eso lo ocultas, como por pudor  y te dedicas a contar las historias, anécdotas sin transcendencia, a perfilar con detenimiento los personajes menos idealistas del mundo. Y para sorpresa de todos, resulta que en esos detalles aparentemente nimios, encuentras más verdad y profundidad que en lo sublime.

Fernando.  
Tu pintura se parece también a mis novelas  que a veces parecen más viñetas que obras de arte. En eso los dos debemos a Goya esa forma tan animal y crítica de ver la vida. Intentamos que lo que hacemos se parezca en algo a la vida y no a las ideas.  Y que sea  más ameno que profundo.  La inteligencia me agota, la mía propia también. Así que me equilibro narrando la vida de las cosas más simples. Ahí me diluyo y descanso. Es como satisfacer un deseo también de morir. Si porque igual que hay un deseo de sobrevivir, existe un deseo innato de morir, que no se activa hasta que uno decide morirse.

Darío
Cuanto de ti en eso que dices, porque cada dos por tres metes una reflexión filosófica.  En mi caso, mi inteligencia no sigue un orden determinado. Veo las formas y se me quedan grabadas en la memoria. Luego busco el modo de pasarlas a un plano, acompañado de un trazo  que quiero que sea dramático, expresivo. No soporto estar dentro de lo muy legislado. Me pone nervioso. Me siento identificado con lo que dice Chillida de si mismo, que es una  persona sin ley. La ley es una abstracción. Una regla. ¿ Que ocurre cuando hay una excepción? Me siento excepción.

Fernando
Ambos somos más de espíritu que de ley. En mi caso, he hecho de mi inadaptación motivo de mis creaciones literarias.  Para nadie es fácil adaptarse en un época llena de cambios y transformaciones como la nuestra que dejan a todos fuera de juego enseguida. A mí la vida de  escritor me gusta. No necesito más que un cuaderno y un bolígrafo. El único valor es la sinceridad propia. Y sí, mi sinceridad incluye lo contradictorio, lo que hay de fallo en mis apreciaciones a veces de una vulgaridad y falta de rigor que resultan provocadoras.

Darío
Todo el mundo opina que eres muy raro. Es como si por un lado no te importara la gente  y por otro, fueras una autentica esponja. Pareces una grabadora de conversaciones al vuelo, en la calle, en los suburbios, en los burdeles. En los sitios peores. No sé si escribes con lo que vas viendo  o con lo que oyes.  Yo también podría fijarme en lo peor que me sale al paso para mis cuadros, en lo más abyecto. Pero intento no abusar. Es como confirmar a cada paso, que el mundo está mal. 

Fernando
Vaya , pues en eso coincidimos, en narrar lo oscuro desde lo oscuro (aunque no me gustan los juegos de palabras). Pero si desde lo más oscuro de mi ser he procurado narrar lo oscuro de mi alrededor. Tampoco me ha ido mal. Todos somos raros en esta familia. No se la razón. Ni me he puesto a indagar. También Goya es raro y oscuro. Pero encuentra más verdad que otros, en lo más oscuro de nuestra existencia.

Por el ventanal grande del  caserón, cae la noche. Las farolas iluminan las calles de piedra. Pasa un borracho. El río refleja la luna. Baja el carnaval con danzas. Darío y Fernando  se asoman a la ventana contemplando el espectáculo  pero sin integrarse. Que raros son nuestros paisanos, comentan. Que ancestrales…Un bandido de trapo en el que se proyecta ese lado oscuro que todos tenemos  es juzgado por un tribunal de cuento,  ejecutado a tiros y finalmente quemado en la hoguera, mientras el pueblo, indiferente a la suerte del bandido, baila girando en corro un zorztiko.

viernes, 18 de enero de 2019

Retrato de Baroja




  

  Este rápido retrato  de Baroja que capta un instante intrascendente y cotidiano, como quien espera en una sala sin quitarse el abrigo ni el sombrero por la brevedad del tiempo que desea estar ahí, nos habla más del Baroja viajero que fue, que del sedentario escritor. Puede que este abrigo fechado en 1914 sea ya el abrigo de Baroja para siempre y no se lo quite más en su vida. Incluso algún día de lectura hasta altas horas de la madrugada ha podido quedarse dormido con el  puesto. Pero a Baroja, su atuendo, -hasta cierto punto- le da lo mismo. Igual que la estética en sus novelas, la descuida con elegancia, ya que también hay belleza en lo fresco, en lo aparentemente descuidado. Está ahí, pero sin que nunca tome más protagonismo, que la amenidad que pretende o que la libertad que desea para sus lectores.

De los retratos de escritores hechos por Sorolla es el que menos vanidad refleja. Y la famosa malicia de Baroja, no la detecto reflejada en su rostro, en sus manos, ni en su postura. Sinceramente creo que Baroja tiene un conflicto con su malicia. Se sabe bueno y sin embargo, su rol es de malo a decir de otros. Quizá alguien confundió la maldad con lo sombrío del carácter que pudiera haber en este transeúnte de la vida.  

Sorolla lo retrata a su manera, pintando una luz que parece más marca de la casa que la habitual del rostro del retratado, sin incidir en el pesimismo barojiano que lo deja reducido a un abrigo y un sombrero negro. Una pintura rápida y de encargo para ambos. Esas manos cruzadas, afianzando el estómago del escéptico Baroja, el que no se tragaba fácilmente las mentiras, el que quiso hacer novelas a base de retazos de realismo. Porque bajo ese rostro incrédulo y fugaz de Baroja que lo mismo ha sido doctor en medicina que panadero, se revela para siempre el del escritor, el que desde un punto de vista único, describe el mundo sin entusiasmo, pero con la certeza del que se toma su tiempo para un buen diagnóstico. A usted le pasa esto, sería su voz de médico con vocación de novelista, y antes que eso, voy a narrar los síntomas a ver qué es lo que realmente ocurre.

En los retratos y fotografías de Baroja suele darse una ausencia personal. Un escepticismo que afecta también a su rostro y persona que hace difícil retratarle. Solo al final de su vida, parece marcar un perfil definido de abuelete rebelde. Pero aquí, en esta sala del palacete de Sorolla se encuentra con un problema. Ha triunfado como escritor, -con una dejadez que nunca es del todo cierta- y el pesimista Baroja tiene que pasar por el lugar de los elegidos de la cultura española de su época para un encargo de una fundación norteamericana. Está bien, accedo a este honor, parece decir, pero no cuentes con que me vaya a quitar ni mi abrigo ni mi sombrero. Retrátame, como si estuviese en una sala de espera, que nunca acabo de creerme eso de haber llegado a ningún sitio. 

domingo, 13 de enero de 2019

Willem y Elaine



Ella, con una tristeza lúcida, sostiene a su pareja mientras el queda sumido en un sueño. 
Los dos son pintores con reconocido lugar en la historia. 
Ella mantiene los ojos bien abiertos, los de la observación y el asombro, a medio camino entre la empatía y su propio mundo. El cerrados, directamente en su mundo. 
Una mano a medio camino entre el amor de pareja y el instinto maternal, sostiene la mejilla del mundo interno de Willem, ya en proceso de deterioro por el Alzheimer. Nadie dijo que el talento aminorara la tristeza. 
Hay sensibilidad y cariño en la mano de Elaine y sin embargo sabemos que su trazo es de expresión firme nacido de una mano llena de ternura. 
Durante muchos años la pintura de Willem fue expresión hacia fuera de lo que nos hace daño dentro. Expresión del  veneno. O la rabia. O el dolor. No sabemos que….Algo que le hacía daño en su ser. En los últimos años su pintura se despojó de todo eso, y quedó tan solo la belleza del trazo, la armonía, la sensibilidad. 
Sin embargo, la memoria perdida no sé si le permitió disfrutar de ese lugar tan bello, que era su propio ser. Su rostro me transmite la paz, de quien no la ha tenido siempre. 
La luz ilumina un lado de sus caras. Irremediablemente la sombra invade el otro.
Atrás queda todo lo vivido, lo fumado, lo reñido, lo bebido, lo sufrido, lo gozado. 
En el presente lo amado.


martes, 26 de junio de 2018

Vulnerable


ficción_microrelato 

Su hijo Dani es muy vulnerable. Se le hiere fácilmente. Podría ser objeto de bullying. Sin embargo es bastante querido y respetado. Su vulnerabilidad no sabemos de dónde viene. ¿fue un hijo querido? pregunta el profesor. La madre siente una amenaza que no esperaba. Nunca le habían preguntado su parecer en casi nada... Pero le sale contestar que sí, de modo que responde afirmativamente, que se trata de un hijo querido (en su interior piensa, pero no se atreve a decir, que a decir verdad en aquel embarazo hubiera preferido tener una hija). Finalmente lo dice. Bueno, eso podría tener su importancia -apunta el profesor- podría desarrollar una vulnerabilidad falsa para lograr una mayor aprobación suya. ¿quiere usted insinuar que soy responsable de su vulnerabilidad? Yo no he dicho, eso, no me malinterprete ¿El chico tiene hermanos? Si, tiene un hermano mayor ¿Y qué tal se porta con él? Mal, el mayor se ríe demasiado de la forma de ser de Dani. No le acepta. Le sentó mal tenerme que compartir. El mayor pelea por llevar la mejor parte en todo, en tener más comida, más reconocimiento o más cosas. Dani es más débil y lucha poco. Por eso parece enfermizo y como mal alimentado ¿pero usted le protege? Si claro, los padres tendemos a sobreproteger a los más débiles, por compensarles. Bastante tiene con sobrevivir. De todas formas se trata de un chico muy inteligente. Si pudiera corregir esa vulnerabilidad…. Quizá le convenga hacer deporte,¿y si su vulnerabilidad fuese un mecanismo de defensa? podría ser, pero usted me hace plantearme demasiadas cosas. La vida es mucho más sencilla. Dani estudia y tiene amigos, no creo que deba preocuparme de mucho más. ¿Y usted?, ¿usted tiene amigos? Menos de los que quisiera contesta el profesor. Pero no estábamos hablando de mí, sino de su hijo. El profesor se siente incómodo, hacía tiempo que nadie se interesaba por él. El reciente abandono por parte de su mujer le ha dejado con la autoestima herida. Sus problemas con el piso. Sus problemas con sus propios hijos. Centrémonos dice el profesor. Lo importante ahora es Dani y creo que la influencia que usted ejerce en él es decisiva en sus sentimientos. El chico quiere que usted le quiera más. De alguna manera saca ventaja de su ser enfermizo. Ambos se asoman a la ventana. El chico vulnerable está junto con sus compañeros en el recreo jugando con normalidad en un patio de arena. Ni es fuerte ni es débil. Él se sabe vulnerable, pero no fácilmente vencible. La madre detecta que el profesor es sensible. Porque esas cosas se detectan, no se preguntan. La madre se siente insegura. Es la primera vez que le preguntan si ha querido ese hijo. Y no estaba preparada para expresar  sus preferencias. La madre, después de despedirse desaparece por el pasillo con un zócalo de azulejos color azul claro y pálido. Sin ningún atractivo. El pasillo se hace algo largo hasta llegar al ascensor. La madre se mete en su coche y piensa en lo siguiente y lo siguiente que tiene por delante. Todo iba más o menos bien, pero sabe que tiene un hijo vulnerable. También ella misma. También el profesor.

domingo, 17 de junio de 2018

Laughs


(ficción_correspondencia mujer mayor a su amiga Giorgia) 

"Dear Giorgia: mis risas son cada vez más falsas y desconozco la razón. Me insisten en que busque la razón, pero la risa carece de fundamento. Simplemente, tiendes a reírte, a que tu cuerpo exprese una felicidad interior que ignora todo daño. Si tienes mucho daño dentro, la risa es una mueca. Pero si por dentro las cosas quieren ir bien, la risa es la gimnasia diaria natural. Aún con todo, quiero reirme. Recuerdo de la adolescencia lo de ir a hacernos unas risas como un acto voluntarioso, no íbamos a ningún sitio en concreto, sino que reírse era el sitio…era lo propio. Pero luego la vida, cada vez te deja menos margen para esto. Podría escribirte una memoria de risas, recuerdos que quedan de risas pasadas inolvidables. De risas en algún cine, en cenas con amigos. Muchas han ido acompañadas de vino, de sidra, o más tarde de gyntonics….  Esos momentos de risas han sido extraordinarios. Podrían quedarme pocos meses de vida y justo lo que me han contado como más trascendente puede que no lo sea. Lo que más me ha gustado Giorgia son las risas que he vivido. La gente con la que me he reído mucho. Hubo una época en la que me preocupaba mi escasez de risas. También de sonrisas, que es algo diferente. Fueron los meses de aquella depresión, en la que no quería saber nada, en la que no tenía ganas de nada. Al salir de ella, me fui poniendo como objetivo reirme, porque era imposible reirme y sentir miedo a la vez. Es verdad que aquellos ratos lo mismo no arreglaban nada. Que al día siguiente los problemas seguirán siendo los mismos. Pero el humor Giorgia, es algo que nunca debe salir de nuestra vida. No sé por qué la vida se pone tan seria, cuando la salvación es reírse. Por eso, en estos días lo que quiero es reirme mucho, aunque mis órganos viejos y deteriorados se resientan, como un día con agujetas después de hacer ejercicio fuera de forma. Cuando me río se rompe la frontera entre mi mundo y los otros. Y cuando sonrío de veras, es como si volviera a ser pequeña, en los brazos de alguien que ha conseguido arrancarme ese gesto de nuevo. Algo tan simple y tonto como que se me hubiera caído una moneda al suelo en la frutería y que alguien atento me la cogiera, solo para arrancarme una sonrisa de agradecimiento. De vuelta a nacer."

viernes, 16 de febrero de 2018

Re-escribir (en el cuerpo)

Cuando re-contacté hace cinco años con toda mi etapa de la gimnasia deportiva (así se llamaba en mi época), volvieron a mi mente muchos recuerdos contradictorios que creía haber olvidado. Una actividad de la que no quise saber nada más durante muchos años, en la cual, sin embargo detectaba que había todo un mundo que me pertenecía, que era parte de mí y del que por muchas razones y circunstancias en su momento me había visto obligado a abandonar.

Hace como cuatro años, tuve la suerte de contactar con Angela Domínguez, en principio por mi interés por conocer algo de sus múltiples actividades relacionadas con el cuerpo en movimiento (deporte, danza, teatro, expresión corporal, etc) y me uní al grupo de antiguos gimnastas del CGA Pozuelo, un día a la semana, durante unas dos horas. Pensé que por probar no perdería nada así que me preparé un poco y marché para allá. Cuando llegué, al  entrar y volver a  sentir ese espacio tan especial de techos altos y el olor peculiar de las tarimas y las colchonetas, sentí volver a viajar en mi propio tiempo, volver a revivir de otra manera algo que estaba dentro de mí en forma de emociones congeladas de las que durante media vida  no había querido saber nada.

La verdad es que pensé que como mucho sería capaz de hacer el pino y poca cosa más pero no ha sido así y cada día de entrenamiento me sorprendo al probar ejercicios distintos, disfrutando de esta nueva oportunidad inesperada. Hace no tanto, sentí, al entrar en el gimnasio, que el propio espacio, ya no me era ajeno. Es un sentimiento difícil de explicar. Te puedes sentir ajeno en un sitio. Te puedes sentir ajeno en una tarea.  Como si ese espacio tuvieras que conquistarlo, rescatarlo. Y no es un proceso consciente, va ocurriendo en tu interior, en cómo te sientes realmente al entrar por la puerta, o al hacer un ejercicio.

Todo esto junto con el hecho de haberme reencontrado con gran parte de  los amigos que en su momento elegimos o fuimos elegidos por este deporte, me fueron facilitando en cada abrazo, cada conversación o cada rato pasado, que en mi propio cuerpo se hayan ido reescribiendo sensaciones de otra manera, asociadas a algo que me hace sentirme bien, algo de lo que no me siento ajeno. 

Un  buen día sin darte demasiada cuenta, sin que lo hayas planificado de ninguna manera, te das cuenta de que has recuperado una parte de ti, tanto en el cuerpo con en la memoria. Ahora cada elemento que hago, por sencillo que sea, lo hago porque quiero. Pero lo realmente importante que noto es que descongelo el miedo.

Por un lado cuando uno hacía ciertas dificultades de adolescente, se sentía valiente y fuerte, pero por otro, al estar sometido a la absoluta dedicación y un exceso de sacrificio, la mezcla era rara. A eso me refiero con contradictorio. Marco (entrenador de mi etapa más intensiva) sumado al ambiente creado allí me infundían miedo, y dominación. Durante muchas horas muchos días, meses, años...mezclados con presunta valentía, con heroísmo, y entreverados con su propio talento y una capacidad que no pongo en duda.

Sin embargo no quiero detenerme en esto.  Lo importante, es que una faceta de mi vida la he conseguido re-integrar, y ser feliz en ella. El presente, me libera del pasado, me lo hace reescribir en mi memoria. El miedo se deshace, se desintegra, y sabes que ha desaparecido cuando al llegar al gimnasio notas que has cerrado un círculo, y que ese mundo no te es ajeno, cuando no te vives ajeno a nada tuyo.

Esta vez, entrando en el gimnasio, y viendo a nueva generación de jóvenes practicando este deporte de otra manera completamente distinta a la que nos tocó vivir a finales de los setenta, viendo su esfuerzo, pero también su ilusión, me cambió el punto de vista de muchos años atrás, y por un instante me dije, vaya está realmente genial. Es realmente una actividad estupenda, llena de mérito y admirable. 

A nuestra edad, se puede reescribir alguna cosa. Eso ha sido lo más importante, recuperar, volver  al origen de algo, y sentirme feliz, con toda esa etapa de mi vida, tanto del pasado como del presente.

Reescribir…sería la palabra.

A veces se nos da la oportunidad de reescribir algo. Uno sabe cuando algo puede dar más de si. Cuando puede reescribirse.

No se reescribe pensando, creo que solo puede reescribir algo tu propio cuerpo, sintiendo de nuevo, un abrazo, un ejercicio, lo que sea.

Y algunas facetas de la vida, se pueden reescribir.

No somos nosotros los que reescribimos la historia. Solo podemos hacer algún pequeño gesto, dar un paso, una llamada, encontrar un momento. No dejar mal escrita una historia.

No se trata de  añorar. Ni de pensar, ni de dar vueltas a nada.  Es una pequeña acción, la que te permite reescribir en tu registro de otra manera las cosas.

Re-encontrarte, con algo tuyo. Cambiar miedo por confianza. 

martes, 11 de abril de 2017

La mitad de mi

La mitad de mi es  
un cajón de sastre, un barco hundido, una escalera para subir al cielo
un cielo lleno de estrellas con amigos en mitad de un camino en la noche
una noche en la que soltar tu peso y viajar en globo a un país libre 
una libertad ganada a pulso como media hora más tarde que gana un adolescente de vuelta a casa
media hora con la mitad de mi en mitad de la noche
la mitad de la noche con un lucernario lleno de estrellas y esquiar al día siguiente
el día siguiente del amor, el siguiente amor, los anteriores
los días pares, las baldosas que no pisas, el peldaño que te saltas
un salto y mientras saltas expandir tu mundo en una foto
la foto que se parte, la mitad de la foto, la cuarta parte...
es la mitad de mi...la que improvisa , la que te hace dudar
la que experimenta como un niño con la arena de la playa
la playa cama de tus besos y abrazos suaves con la piel cercana
la que se expande como un fuego artificial en la noche
la noche que busca estrellas para saltar de piedra en piedra
la piedra con forma de corazón que hallaste bajo un acantilado
el pisapapeles de los papeles que volaron en globo a un país libre
el asteroide B 612
el vuelo sin motor con los sueños de tu chica
la que disfruta si le adivinan el pensamiento 
la que me ata como un planeta a su órbita
y me libera como un mercedario a un preso
la medicina que me cura mientras me mata
la que hace pasadizos con la otra mitad, procurando convivir
haciéndote dudar
si el mundo es uno
o está hecho de mitades.