sábado, 16 de febrero de 2019

En lo desconocido



El viajero siente un movimiento que le empuja hacia lo desconocido. Caminos y lugares en los que hay que dejarse aconsejar por la intuición para decidir si transitar por ellos. Ese tramo desconocido puede ser una región de sí mismo, o el lugar donde quiere desarrollar su vida. También lo latente de su mundo cuando experimenta la necesidad de expresarlo y comunicarlo a tiempo. Siente que no tiene más remedio porque la fuerza que le devuelve a lo ya vivido es demasiado grande. Ese refugio seguro de la madre o de la infancia. Piensa que esa vuelta debe hacerse solo para morir. El es aventurero y cada paso le aleja de su origen, haciendo más larga la vuelta. Puede que de tanto caminar no tenga que desandar nada, como quien consigue dar una vuelta al mundo. En ese camino de lo conocido a lo desconocido encuentra su modo de vivir. “Vivir es decidir libremente en cada momento y esto no es posible en una obra conocida de antemano” ve escrito en letras impresas en una pared en una exposición del escultor Chillida, que le confirman que ese vacío, ese aprendizaje contínuo, esa inseguridad en el viaje son el paisaje común de esos dos caminos paralelos que son el arte y estar vivo.


Imagen: obra de la pintora Carmen Herrera




domingo, 10 de febrero de 2019

¿que música tiene el sentimiento?


 Al viajero le han enseñado a usar la cabeza más que el corazón. Sin embargo, en la maraña de dedicaciones que tiene o que sueña, desea descubrir que ama, cuál es su máxima pasión. En una entrevista buscada lee: “ Al llegar a Londres con la intención de estudiar fotografía, me doy cuenta de que el amor que siento por la pintura es más fuerte que por la cámara, así que decido apostarlo todo por lo primero y dejar lo segundo a modo hobby”. El viajero se plantea que orden de pasión hay en aquello que hace. Sabe que quiere ir más allá del tópico, y  que aparte de sus gustos, debe de plantearse con sinceridad que es aquello que más ama. Comprende que es parte de su viaje. Aventurarse hasta su propio corazón. Y una vez llegados allí, escuchar que es lo que siente. ¿He dicho escuchar? ¿Se trata de un sonido especial  lo que uno siente?  ¿Qué música tiene ese sentimiento? El viajero tiene que detener su viaje porque escuchar que se siente es como sentarse al borde del mar y estar atento a los sonidos que emite. También podría ser escuchar el vientre de su amada mientras su hijo crece dentro. Comprende que “the sounds of silence” no es otra cosa que el silencio propio necesario para poder escuchar tu ser. El viajero constata que su educación ha consistido en adquirir conocimientos, como quien adquiere más y más de algo, como quien acumula cosas pensando que por más se llegará a algún lugar mejor. Sin embargo, el viajero echa de menos dejar a un lado conocimientos y haberse educado más en centrarse únicamente en lo que ama. En solo aquello que es capaz de llenar su corazón.

Ciudad de pensamientos


 El viajero camina por su propio tiempo, inmerso en la corriente de relaciones virtuales que sin duda le conectan con parte de su mundo. Instagram, Facebook,  Whatsapp, Internet etc. De cuando en cuando recibe una señal del presente o del pasado que le indican que su universo no es único, que hay vida similar en otras personas. “La pintura es autodescubrimiento. Todo buen artista pinta lo que él es” lee en el epígrafe de una imagen de una persona que admira y que a su vez ha compartido tal formulación de un artista ya fallecido.  Como mundos paralelos que son, piensa si ocurrirá lo mismo con los escritores, si a base de palabras y pensamientos se da ese autodescubrimiento. Al fin y al cabo las estanterías están llenas de expresiones de  gente que desnuda su alma de ropajes y que muestran su verdadero sentir. De verdad humana, sería la paleta de materiales que más le interesa. Una vez ahí, las frases o los pensamientos que se lanzan al universo, quedan flotando hasta que  otro las recoge y las continúa, en trayectorias que se entrelazan formando cruces de caminos, intersecciones, puentes. Ciudades de expresión, ciudades de pensamientos  de una familia que puede que nunca llegue a conocer físicamente, pero a la que siente que pertenece.

nota: dibujo a lapiz del autor

Miedo infundado


 El viajero desea caminar descalzo por los territorios  del miedo para desenmascararlo, mirarlo a la cara y ver como a la luz de sus ojos desaparece. Sospecha que el miedo y la culpa tienen pasadizos secretos, pactos inconfesables, debilidades comunes como huir de la luz o de lo cierto. Lee en un periódico digital, la historia real del último habitante de las Islas Cíes,una especie de Robinson solitario, que relataba que alguna noche extraña en la isla le perseguían unas esferas de energía rodando por el suelo coloreadas de amarillo; cuenta que al tocarlas, desaparecían como pompas de jabón pero sin mojar y sin ruido.  Al viajero le gustaría comprobar su existencia  en una noche fantástica en las islas. Llegar a tocarlas y ver si desaparecen, para descubrir si el  miedo infundado funciona también de  un modo similar. Algo que si te acercas y consigues tocarlo, deja de perseguirte. Sin mojar y sin ruido.  

Habitación imaginaria


 El viajero desea quitarse en cada paso todo resquicio de culpa, igual que quieres quitarte todo el barro de una bota después de pisar un descampado empapado. Quiere desquitarse de aquella educación moral recibida que haya girado en torno a la idea de culpa per se, concebida como una patata caliente que se suelta a otro para no quemarse uno. El viajero percibe que se trata de una mala herencia que se recibe y se entrega, y que así seguirá ocurriendo si es que él no se ocupa de romper su propia inercia. ¿A qué viene ese sentimiento? Se pregunta… ¿de dónde viene ese sentir? Es como si alguien hubiera instrumentalizado una especie de defecto de fábrica, una culpa per se, por nacer. Piensa en todas aquellas cosas que son veneno y medicina, en todas aquellas cosas que te matan y luego pretenden tu resurrección. Aquellas cosas que no son reales, y que al igual que unos tabiques invisibles, le impidieran salir de la habitación imaginaria en la que se encuentra.

Desandar un tramo


 El viajero piensa en todo aquello que es conocimiento muerto dentro de si. Ese material de su formación que nota que le sobra. Esa materia que aún habiéndola cursado no era de su interés. Al igual que lo innecesario en un equipaje, o lo que sobra de un armario, intenta detectar el lastre sin vida que carga en su camino. Y se decide a soltarlo, convencido de que tan importante es adquirir como deshacerse de algo. El desea acertar con las herramientas que necesita para el camino que tiene por delante, aquellas que puedan configurar el mapa de sus propias elecciones.
Percibe que el conocimiento en si le es ajeno, mientras que la experiencia vivida le pertenece. “No me fío de lo que sé, pero estoy muy seguro de lo que siento.” lee en el epígrafe de una publicación profesional en una web que le interesa. Puede que este tramo de camino trate de desaprender. No es tan fácil. Igual hay que desandar un tramo. Y mira que da pereza volver atrás en un camino para desandarlo aunque ya se sepa que continuar por el no conduce a ninguna parte. 

Diferente a la inercia


 El viajero recuerda todas aquellas veces que lo han anulado, que han intentado que no exista, o que no se exprese. Y no son pocas. Las veces que bajo la idea de una educación le han cortado esta ala o la otra. Las veces que le han cerrado una puerta en las narices o las veces que le han regañado por ser él mismo. Pero el viajero no se rinde fácilmente y comprende que el respeto hacia su propio ser tiene que ganárselo por su cuenta. Que la fe en lo distinto de su camino no se la puede exigir a nadie más que a él. Parece que ahora el viajero fueran dos. El y sí mismo. Y ha de poner de acuerdo a su ser, someter la decisión de por dónde transitar, a algo diferente a la inercia, la imitación, la moda o la falta de personalidad.  Como si sí mismo fuera alguien también a quien escuchar, con quien dialogar, a quien preguntar. ¿de qué está hecho ese si mismo? Se pregunta…Piensa que de hallazgos .Cada hallazgo propio configura un nuevo mapa de hallazgos de su persona , igual que cada barrio distinto forma y configura la ciudad. 


Sin embargo, pensándolo bien, ese si mismo prefiere dejarlo en misterio, en algo que te sorprende, inabarcable, un ser con vida propia, a quien aceptar y querer.