El viajero desea caminar descalzo por los territorios del miedo para desenmascararlo, mirarlo a la
cara y ver como a la luz de sus ojos desaparece. Sospecha que el miedo y la
culpa tienen pasadizos secretos, pactos inconfesables, debilidades comunes como
huir de la luz o de lo cierto. Lee en un periódico digital, la historia real del
último habitante de las Islas Cíes,una especie de Robinson solitario, que relataba
que alguna noche extraña en la isla le perseguían unas esferas de energía
rodando por el suelo coloreadas de amarillo; cuenta que al tocarlas,
desaparecían como pompas de jabón pero sin mojar y sin ruido. Al viajero le gustaría comprobar su existencia
en una noche fantástica en las islas.
Llegar a tocarlas y ver si desaparecen, para descubrir si el miedo infundado funciona también de un modo similar. Algo que si te acercas y consigues
tocarlo, deja de perseguirte. Sin mojar y sin ruido.
domingo, 10 de febrero de 2019
Miedo infundado
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viajero
Habitación imaginaria
El viajero desea quitarse en
cada paso todo resquicio de culpa, igual que quieres quitarte todo el barro de
una bota después de pisar un descampado empapado. Quiere desquitarse de aquella
educación moral recibida que haya girado en torno a la idea de culpa per se,
concebida como una patata caliente que se suelta a otro para no quemarse uno. El
viajero percibe que se trata de una mala herencia que se recibe y se entrega, y
que así seguirá ocurriendo si es que él no se ocupa de romper su propia inercia.
¿A qué viene ese sentimiento? Se pregunta… ¿de dónde viene ese sentir? Es como
si alguien hubiera instrumentalizado una especie de defecto de fábrica, una
culpa per se, por nacer. Piensa en todas aquellas cosas que son veneno y
medicina, en todas aquellas cosas que te matan y luego pretenden tu
resurrección. Aquellas cosas que no son reales, y que al igual que unos
tabiques invisibles, le impidieran salir de la habitación imaginaria en la que
se encuentra.
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Desandar un tramo
El viajero piensa en todo
aquello que es conocimiento muerto dentro de si. Ese material de su formación que
nota que le sobra. Esa materia que aún habiéndola cursado no era de su interés.
Al igual que lo innecesario en un equipaje, o lo que sobra de un armario, intenta
detectar el lastre sin vida que carga en su camino. Y se decide a soltarlo,
convencido de que tan importante es adquirir como deshacerse de algo. El desea
acertar con las herramientas que necesita para el camino que tiene por delante,
aquellas que puedan configurar el mapa de sus propias elecciones.
Percibe
que el conocimiento en si le es ajeno, mientras que la experiencia vivida le
pertenece. “No me fío de lo que sé, pero estoy muy seguro de lo que siento.” lee
en el epígrafe de una publicación profesional en una web que le interesa. Puede
que este tramo de camino trate de desaprender. No es tan fácil. Igual hay que
desandar un tramo. Y mira que da pereza volver atrás en un camino para
desandarlo aunque ya se sepa que continuar por el no conduce a ninguna
parte.
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Diferente a la inercia
El viajero recuerda todas aquellas veces que lo han anulado, que han intentado que no exista, o que no se exprese. Y no son pocas. Las veces que bajo la idea de una educación le han cortado esta ala o la otra. Las veces que le han cerrado una puerta en las narices o las veces que le han regañado por ser él mismo. Pero el viajero no se rinde fácilmente y comprende que el respeto hacia su propio ser tiene que ganárselo por su cuenta. Que la fe en lo distinto de su camino no se la puede exigir a nadie más que a él. Parece que ahora el viajero fueran dos. El y sí mismo. Y ha de poner de acuerdo a su ser, someter la decisión de por dónde transitar, a algo diferente a la inercia, la imitación, la moda o la falta de personalidad. Como si sí mismo fuera alguien también a quien escuchar, con quien dialogar, a quien preguntar. ¿de qué está hecho ese si mismo? Se pregunta…Piensa que de hallazgos .Cada hallazgo propio configura un nuevo mapa de hallazgos de su persona , igual que cada barrio distinto forma y configura la ciudad.
Sin embargo, pensándolo bien, ese si mismo prefiere dejarlo en misterio, en algo que te sorprende, inabarcable, un ser con vida propia, a quien aceptar y querer.
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Salva mi memoria
El viajero, está atento a sus percepciones y también a las de otros. La prensa, los medios, la comunicación humana. Atento a un tejido de miradas compartidas: “Puede que lo que esté salvando no sea el cuadro en sí: es el cuadro quien salva mi memoria” lee en un artículo de prensa que le interesa, porque a la vez ese cuadro es parte de su propia memoria, de su propio vínculo de con el mundo. Descubre que la memoria es la que queda amenazada por las llamas o por el olvido. No quiere que se pierda en la nada, quiere salvarla porque identifica su memoria con si mismo olvidando los pasos que le separan de esa otra persona que fue él. Se trata de la memoria de aquello que hemos amado. El viajero se pregunta si esas neuronas de memoria están en el cerebro o están en el corazón. El viajero comprende que ese ir corriendo a salvar un fragmento de nuestro pasado es parte del arraigo, tan necesario para vivir como la aventura de viajar. Y aquí nacen dos modos de estar en el mundo, el idealista viajero y el realista arraigado. Y como en todo, la tensión entre opuestos, es la que crea la vida, igual que el diferencial de cargas, crea la electricidad.
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Cartografía de vínculos
El viajero camina con el afán de encontrar parte de un mundo que en el fondo también contiene parte de sí. Un ser que sin ser él, se le parece.
El viajero camina sin rumbo fijo, y se deja sorprender por cualquier impresión que le conecta con su ser; sin esperarlo, en una pared en escorzo tras un vidrio, lee: “cada individuo posee una cartografía de vínculos invisibles”. El viajero camina con la esperanza de hacerlos visibles, dejando que aparezcan revelaciones por el camino, decisiones en un estado involuntario similar al que precede a los sueños.
Sin poder precisar en qué momento, algo ha ocurrido en su interior que le hace ver con claridad que ese camino que pensaba que era el suyo, ya no lo es. Y que puede serlo otro que estaba latente, invisible, oculto como la vía de un tren abandonado.
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sábado, 2 de febrero de 2019
Viajero
v i a j e r o
Comparto
fragmentos de un breve texto que estoy escribiendo que he titulado “viajero”. Se
trata de un personaje que camina al que se le vienen cosas a la cabeza sin un
orden preciso. Cada fragmento lleva un título. Son lugares del pensamiento a
los que llega, en un determinado momento de su vida. Las lecturas pueden ser cortas
o más largas al igual que un paseo, regulamos el tiempo que queremos que dure.
La
idea de un viaje como metáfora de la vida, es una idea sin ninguna originalidad,
cientos de veces repetida. Yo me quiero basar en la tradición de algunos escritores
como persistentes caminantes e investigadores de su entorno, con una curiosidad
a veces ilimitada. Gente que camina mucho, y que mientras camina desarrolla sus ideas, sus proyectos más
inmediatos. Hay una tradición viajera en muchos escritores, de la cual nos ha
quedado magnificas descripciones de paisajes, de ciudades, o de pensamientos
derivados del hecho de caminar.
La vida
del escritor tiene mucho que ver con el
modo de caminar y recorrer algo. Hay una manera de caminar lenta hacia algo que
se intuye y que se va madurando. También una de no ir a ningún sitio, deambular,
que en ocasiones es también inspiradora. El viaje, nos ofrece también oportunidades
de cambios personales, de fortalecimiento de la voluntad y el espíritu, así
como establecer un encuentro con lo que hay de igual y de diferente fuera de nuestro entorno.
Pero
lo más importante para mi serían los hallazgos, por más insignificantes que
sean, como esas conchas o piedras que un niño recoje de la playa y trae a sus padres. Porque el
hallazgo es parte de la experiencia, que es a la larga,(más que el conocimiento)
lo que nos pertenece y nos forma.
Indice:
Indice:
1. Cartografía de vínculos.
2. Salva mi memoria
3. Diferente a la inercia
4. Desandar
un tramo
5. Habitación imaginaria
6. Miedo infundado
7. Ciudad
de pensamientos
8. ¿Qué música tiene el sentimiento?
nota: fotografía y texto byenriqueriaza.
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