domingo, 31 de marzo de 2013

Cuento de Primavera


De estudiante, me decidí a llamar a Laura, compañera de clase a la que veía al salir del polideportivo de cuando en cuando después de su entrenamiento de volei. A mí también me gusta el deporte, y Laura, al contrario que otras, es de esas personas con la que te sientes cerca enseguida. No se hizo la importante y le propuse ir a correr juntos por la Casa de Campo. Pasé con ella la mañana, disfrutando del aire, del pasear de la gente, de los pájaros libres por el aire. Corriendo llegamos hasta el lago y allí en el escaso borde del mismo nos sentamos un rato. No sé qué tienen los lagos que inspiran y reflejan la imagen exacta de lo que uno lleva dentro, no solo el rostro y el cuerpo sino también lo que se aloja en nuestros deseos. Cada uno teníamos ya nuestros proyectos propios, vidas que deseábamos vivir llenas de ilusión, en las que al contrario que en nuestros deportes, no quedaban marcadas por ningún reto concreto ni objetivo a corto plazo, sino que bastaba la fuerza inexplicable del deseo para que el futuro fuera simplemente una prolongación más de nuestra imaginación.
Me encantaba la agilidad de Laura, su facilidad con los deportes, ese atreverse con todo y esas ganas innatas de aprender. A lo lejos, vimos el Parque de Atracciones, y nos miramos con una sonrisa cómplice de años atrás. Me pidió que le enseñara a hacer un flic-flac y accedí sin reservas. Me gustaba que no tuviera miedo. Era coordinada y casi no costó. Con mi brazo la sostuve unas décimas en el aire, en la que ella se sintió transportada a la infancia. Creo que ver  el cielo, apoyada en mi brazo resultó algo nuevo, algo diferente que parecía confundirse con cierta felicidad.  
Aquel día ambos, nos contamos lo que queríamos vivir, desde esa amistad que nos unía, como si la vida por delante fuese infinita, sin comprender bien que a veces lo más importante puede ser solo un segundo o incluso una décima….El lago y su presencia parecían pedirnos algo más, pero el hecho de su artificialidad  le daba un aire poco creíble. Quizá expresaba bien la relación creada entre nosotros, donde no acaba de encajar prometerse nada. Nos conocíamos de modo intuitivo cosa que hacía tranquila nuestra relación, sin demasiadas sorpresas. Sin embargo, había un  punto de atracción poco explicado, no exenta de una leve indefinición de la que ambos éramos conscientes. También de su insuficiencia para sostener una relación más allá de la amistad, y a la vez también la sensación de que algo entre nosotros sobrepasaba  esa palabra. Allí, en el lago, sabíamos que no nos convenía ir más allá, y que lejos de beneficiarnos, aquella relación podía volverse en nuestra contra.  
Así que ambos quedamos en aplazar aquella relación sin nombre, vernos después de  años, una  vez realizados nuestros sueños más inmediatos, materializadas de una manera u otra aquellas vidas que imaginábamos. Vernos, mirar el Parque de Atracciones desde la Casa de Campo, ver la noria elevándose por encima del perfil de las pinos y recuperar esa sonrisa sana  y liberadora de cualquier reproche.
Y así lo hicimos. Al vernos después de tanto tiempo vimos el río y su entorno ahora renovado. Solo podíamos pensar que por allí debimos de estar o de correr, procurando identificar con nuestro recuerdo muchos sitios que ya no estaban o que habían cambiado. Las fabricas medio abandonadas de entonces que ahora habían sido restauradas. Las zonas degradadas e incómodas del río, ahora acondicionadas. La Ermita de la Virgen del Puerto, que siempre estaba cerrada, ahora abierta y luminosa recortándose contra el azul del cielo. Un coche reluciente y con flores en las puertas avisaba que dentro había una boda. En el reflejo del coche aparcado y vacío, vimos nuestros rostros ya maduros. Los perfiles de la ciudad. Casa Mingo. San Antonio de la Florida, con sus frescos que representan la resurrección de un muerto que se necesitaba para testificar en un juicio. Ahí seguían, como un palo al que agarrar nuestros paseos, nuestras incursiones en la bici, las carreras por la Casa de Campo donde nos poníamos en forma…
También nosotros habíamos cambiado solo el agua seguía más o menos igual. Ahora mejor tratada, más cuidada. Nosotros no podíamos renovarnos tanto, y sin embargo, como quien aguanta una carrera, con la respiración un poco alterada, nos apoyamos mutuamente el uno en el otro para no caernos, y con cierta emoción le dije: «hemos resistido». Poco a poco recobramos el aliento, vimos de nuevo la noria, arranqué una flor amarilla, se la di y ella echó despacio los  pétalos al río, y juntos los vimos marchar. 
Cerca paseaban chavales adolescentes, había skaters, gente que ensayaba bailes, hip hop, break... Era primavera. Algunas parejas, parecían haber parado la marcha y el tiempo en un beso eterno.
Vimos los pájaros y muy a lo lejos los pétalos que Laura había arrojado.
No queríamos vivir de ningún recuerdo.
Vimos el río, tenue, conducido, tranquilo….le propuse a Laura que se lo imaginase en una crecida, desbordándose, tras días de lluvias torrenciales…Ese desbordamiento, Laura ¿sería el amor rompiendo y superando los compartimentos del deseo?
Con la pregunta en el aire iniciamos una carrera hasta los rebosaderos; en la dársena  estaban flotando aún los pétalos esparcidos, sugerentes, esperando a que el caudal subiera y se los llevara definitivamente. El sonido del agua nos envolvía en un espacio diferente, y apoyados en el  pretil del puente en un instante comprendimos a la vez que después de ese  tiempo vivido, lo más importante de nuestras vidas iba a ser solo un segundo, un desbordamiento,  un segundo de aquella  mañana de primavera donde la naturaleza incansable quería renovarse eternamente.

viernes, 1 de marzo de 2013

Granada y la nieve


"Lo blando es más fuerte que lo duro, el agua más fuerte que la roca, el amor más fuerte que la violencia." Hermann Hesse.

 
No es frecuente una buena nevada en  Granada, encantadora ciudad a medio camino entre la montaña y el mar. Acostumbrada a recibir la nieve en el Mulhacén, y que le llegue ya derretida en forma de agua,esta fugaz nevada ¿Qué nos querrá decir? Hace mucho que no voy y tengo que echar mano de mis recuerdos. En ellos voy por una  cuesta,  subiendo hasta la Alhambra, disfrutando de sus quiebros, de sus recodos, de ese barro hecho arte que es Granada. Agua y tierra juntas, formaron ese barro, con el que los árabes, moldeaban sus cerámicas, haciendo posible aquí mismo el universo reflejo del paraíso que es la Alhambra.

En esa cultura del barro y el esmalte, de la escayola moldeable, en definitiva de lo blando y adaptable, forjaron un mundo lleno de belleza, donde el número, llave de la mística, era una extensión hasta el misterio de lo infinito del universo de esas lacerías, artesonados, y cúpulas inigualables.

Allí, después de un viaje en Vespa por todo el sur, me planté en la Alhambra, entre lo que mis ojos veían, y lo que sabía de mis estudios, sin saber muy bien que veía antes, si mis ojos nuevos como de niño, o mis ojos formados de estudiante.
Allí, en esas extensiones de agua, donde se reflejaban los edificios, haciéndolos más verdad, en ese mundo de acequias, fuentes y estanques, quiero recordar que  me encontraba  feliz,  en un lugar mágico hecho para el deleite de los sentidos, armonizándolos , y curándome seguramente de algún desamor del que no me importa acordarme.   

Y es que el agua en su camino al mar, se encuentra con la Alhambra, igual que en nuestras vidas nos encontramos con el amor, seguramente lo más mágico que nos ocurre, donde de alguna manera también llegamos a sentir algo del cielo en la tierra, algo de su reflejo en los estanques, algo del aroma de los partales.

El agua, que fue nieve o hielo, esperando en un invierno necesario, fue derritiéndose, en los manantiales, y llegando  con gracia a este palacio, metiéndose por sus recodos. Esa agua blanda, sin forma, tuvo su  geometría en la nieve, en la belleza fractal del cristal de cada copo, con su forma mágica que en algo me recuerda a estos techos. Luego se derrite, como quien tira de una cuerda y se deshace un nudo, quedando en nada aquellas formas. Y así derretida, el agua en su camino al mar, se encuentra con el jardín, lugar sin duda para el amor.

Un jardín, que cuidar. Un jardín, que puede ser el paraíso. Algo hermoso que le ocurre a tu vida en el trayecto. Ahora medio oculto y  cubierto por la nieve, con toda la magia cercana, como una Navidad retrasada, como una montaña adelantada, en cualquier caso un  regalo que trae esa emoción inatrapable de los momentos únicos y difícilmente repetibles.

viernes, 18 de enero de 2013

Vicente del Bosque y la gestión de la suerte

Mi hijo pequeño, me pregunta porqué no ponen a Vicente del Bosque de Presidente del Gobierno, y le explico que es que no puede ser, dándole los motivos que primero se me ocurren,  pero en el fondo pienso igual que él.
Imaginarme por un momento a Vicente de Presidente del Gobierno, sincronizando el país, dejando pasar provocaciones, sembrando humanidad allí por donde va, dejando de lado la posibilidad del rencor y la venganza de una persona que  en su día fue despedida  por la puerta de atrás, aparcando la posibilidad de la ironía, del eufemismo, de la falsedad de los términos, haciendo los cambios oportunos en el momento preciso, rodeándose de talento, pues es  hijo, una buena idea que has tenido y que debemos de alguna manera apoyar.
Sin embargo, el fútbol no deja de ser un juego, como mucho una metáfora, que nos afecta de un modo artificial e interesado, precisamente para desviar la atención de lo que debería de interesarnos más que es el correcto ejercicio de nuestra vida política y económica.  
De todas formas valga el ejemplo para averiguar  algo más de este hombre tan reservado, que no dice nunca más de lo estrictamente necesario, que no celebra más de lo estrictamente necesario, y que no suele ganar por más de lo estrictamente necesario. Se trata de una ley de conservación de la energía, llevada hasta límites insospechados. No al derroche,  a las palabras innecesarias o  al protagonismo.

Ese no al protagonismo, se deja entrever en su esquema de juego. No hay un protagonista claro, al que sirven los jugadores, sino que todo el equipo entero es el protagonista, por mucho que se empeñen los que organizan los eventos del balón de oro en destacar a uno solo.Y para   lograr ese funcionamiento de equipo y que los once jugadores se entiendan bien, de modo que puedan confiar los unos en los otros,  es necesario que el que manda se entienda bien con todos ellos, tarea no siempre fácil, y en la que Vicente Del Bosque propone lo siguiente:
“Lo importante de nuestra función es hacer creer al jugador que manda, pero que haga lo que nosotros queramos. No es engañarle, es escucharle hablar de fútbol y de la vida, pero en cosas sustanciales, debe de ejercer el entrenador claro.”
Es muy probable que en esta frase esté concentrada la sabiduría de del Bosque,reflexión que tiene su complejidad,  porque un deportista quiere ser él mismo, con su manera propia de interpretar el juego, pero tiene a la vez que interpretar el guión que el entrenador ha preparado, y lograr un equilibrio en este sentido, de modo que el jugador pueda sentirse  con una margen de mando dentro de un orden establecido no es tan fácil. Y a su vez, el entrenador necesita de ese margen de mando del jugador, que le permita resolver a veces situaciones con la propia genialidad del jugador. 

Resulta llamativo y paradójico de  este hombre, de aspecto tímido, y con poco afán de protagonismo el que esté disfrutando de tanto desde hace ya años. También lo es el que tuviera que salir en su día  por la puerta de atrás  del Real Madrid, y  que haya entrado  por la puerta grande en la historia del fútbol  y en la de la propia FIFA. Y tampoco deja de llamarme la atención su personalidad tan correcta, tan equilibrada, dentro de un ámbito como es el fútbol,  donde mayores  incorrecciones he visto, donde mayores y peores insultos he visto a lo largo de mi vida.

¿Puede que todo sea cuestión de suerte? Podía haberse dado el caso de que un par de balones no hubieran entrado  y nada sería entonces como ha sido.  Pero esa es quizá su baza oculta. Jugar con la suerte, y procurar ponerla de tu lado. Muchas veces, al final de un partido perdido la gente dice que no hubo suerte, que cuando el balón no quiere entrar no entra. Pero Del Bosque sabe que no es así. La suerte, el azar, puede que tenga sus leyes. La suerte no está en los gritos, en un falso empuje, en la gasolina de la ira, ni en la inmadurez del que busca que le miren constantemente. La suerte no está en la motivación barata, de saldo, de película de autobús. La suerte, seguramente está más cerca de la cabeza, de un plan que ata lo previsible, y que decide en el momento oportuno. La suerte no es todo el tiempo, sino a lo mejor un segundo. La suerte puede estar cerca del que se rodea de talento y sabe combinarlo y dejarlo fluir dentro de un orden.  

Sin embargo mi interés por Del Bosque va más allá del fútbol, que como toda disciplina tiene sus tendencias y sus diferentes filosofías. Mi interés va en comprender que si del Bosque insiste en unir  el fútbol con la vida, es posible que se pueda hacer lo contrario, unir la vida con el fútbol, y sacar algunas conclusiones   generales para todas aquellas facetas en las que de alguna manera somos organizadores, gestores de trabajo propio y de los demás, y también como padres. 
Serían muchas las conclusiones que se podrían aplicar a otras facetas, pero quiero destacar tan solo unas pocas , las que me parecen más universales y aplicables a más cosas. No las he querido centrar en fútbol, ni en ningún campo concreto. Solo una serie de ideas sugerentes, para todos aquellos que de alguna manera sean “entrenadores” de otros, a la luz del manual de del Bosque. 

  1. Desarrolla tu juego . Ten tu estilo, confía en él , y se fiel a él. A partir de ahí no olvides que las críticas te van a llegar. Pero resiste. 
  1. Respeta a tu adversario, y esfuérzate por conocerlo bien.  No acapares protagonismo, no intentes brillar. No intentes lucirte, que sean los hechos los que hablen por ti y no al revés. 
  1. Piensa que los partidos son largos. Hay minutos. No te quieras comer el mundo sin dosificarlo. Se fiel a tu plan, pero has de tener pensado algún otro por si no funciona. También has de saber reconocer las señales que te indican que cambios debes de hacer. 
  1. No entres al trapo. Cualquier juicio negativo que puedan hacer de ti, no es un juicio, ya que un juicio debe de afirmar. Dedica tiempo y esfuerzo con los  que piensan diferente que tú, pero no lo pierdas con los que lo único que buscan es minar tu energía.  
  1. Ser deportista ha de implicar ser persona. procura conectar ambas cosas. Lo mismo en las facetas que desarrolles, empresariales o educativas. No dejes que lo que hagas no se conecte de alguna manera con tu vida. 

lunes, 7 de enero de 2013

el azar y el reloj


Mi padre gracias a un cabeza excelentemente ordenada y a sus costumbres diarias precisas y engranadas como un reloj, fue a lo largo de su vida muy previsor , y gracias a ello el futuro y la incertidumbre parecían anularse el uno a la otra, como quien despeja una incógnita pasándola al otro lado de la ecuación, de un modo quizá metódico pero a la vez bastante seguro y constante. Mi madre, en cambio, siempre ha disfrutado de lo contrario, de ese margen casual que te da la vida, de ese encuentro inesperado, de esa conexión imprevista, de esa salvación en el último instante, o de un posible milagro cuando uno está  desahuciado.

Entre lo previsto y lo imprevisto se ha ido construyendo mi vida, acompañado del rigor que puede darte una formación politécnica y también acompañado de ese margen etéreo y a veces difuso con el que pueden acompañarte el arte y lo espiritual.

Antes de ayer, día cinco, y casi entrada la noche, recibo la llamada de mi madre para decirme que le falta un regalo, que no le ha dado tiempo a comprar. Me tantea, para ver si me ofrezco a comprarlo aclarándome  que luego me lo paga y aunque estoy a más de quince kilómetros del Corte Inglés me ofrezco a hacerle  el favor, a pesar de que me había propuesto no hacer ninguna compra el día cinco. Resuelto el encargo, aún me sobra algo de tiempo, así que me entretengo vagueando por donde los libros. Me gusta ver las estanterías llenas de libros brillantes con el atractivo de lo nuevo, como aquellos paquetes de tabaco intactos a los que con gusto quitabas el plástico, presintiendo un placer adelantado, de modo parecido me gusta sentir en mis manos un  libro, disfrutar su portada, hojearlo ,ver de que va.

Algunos se me caen de las manos y otros, sin saber por qué me enganchan, sin que ello signifique ni mucho menos que sean buenos o malos. Me llama la atención, Paul Auster, poesía completa.
Había leído con gusto Brooklyn  Follies, hace ya años, había visto su película, La vida interior de Martin Frost y su sólida formación en todo aquello relativo a la filosofía. Pero ignoraba su aficción por la poesía y me alegra descubrirla. La hojeo, versión bilingüe, y me apetece tanto como uno de aquellos paquetes de tabaco de bastantes años atrás.

Casualmente, el poema que he abierto al azar habla de hielo….hace una semana yo había plasmado en un escrito lo mismo, procurando dar significado al frío, unir la incertidumbre de lo que se sueña, con la realidad de lo que pasa.  Es como si me estuviera esperando. Es esa conexión de mi madre, es esa casualidad milagrosa de lo inesperado…pero si leo bien el poema, también está el reloj de mi padre, su envidiable orden con el que las cosas se suceden. Me gusta verlos unidos en mi presente a los que fueron en su momento  Reyes Magos en mi niñez, me gusta verlos integrados en este poema que he abierto casualmente como podía haber cogido otro, pero que  ha hecho resonar en mí tanto el azar como lo que ya estaba dentro, para continuar cargando la vida de nuevos significados que sinceramente nunca sé por donde y cómo me han de llegar.  


Hielo (quiere decir
que ya nada es milagro,
si ha de ser lo que será: tú
eres los medios y la herida), hielo
saliendo de entre el hielo, y su cadencia
traspasando la tierra roma
donde los cuervos merodean. Dondequiera
que caminas, el verde te habla, resiste. /El silencio
sostiene al invierno frente a frente
con la primavera.

martes, 1 de enero de 2013

el lago helado


En este uno de enero, una de la tarde, hora en la que hoy todo el mundo parece entregarse al sueño más profundo después de una noche de fiestas y de excesos, con las calles solo habitadas por las ráfagas de frío y el más absoluto de los vacíos, el lago arriba de Navacerrada hecho todo él   un bloque de hielo, espera sin ninguna prisa el sol, que le vaya derritiendo a medida que avanza este corto día. Silencio. Vida congelada. Y ahí, en ese frío callado, se me va revelando que en definitiva todo es pura apariencia,un espejo donde vernos, una pista en la que patinar fugazmente.
  
Es primero de año sin  metáfora, y me empeño en  cargar el día de significado. Acabar un año y empezar el siguiente, ha sido motivo de fiesta, de burbuja, de serpentina, y alegría borracha,de un final de año extraño cuya mayor causa de celebración ha sido decirle adiós.  
Ya le dije adiós ayer. Y con mi adiós espero que se entierre la injusticia, el abuso y el maltrato. Espero que se acabe la insolidaridad, los desahucios y la avaricia. Espero que se acabe la falta de perspectivas, la depredación injusta y  el sinsentido. Espero que se acaben las burbujas, la prepotencia del dinero, y de la corrupción. Espero que se acabe el desgobierno, la falsedad, y el engaño.

Y quiero decirle hola, a medida que el hielo se va derritiendo, quiero decirle hola a un mundo mejor, más capaz, mejor gobernado. Quiero decirle hola a una economía humanista, y no depredadora. Quiero decirle hola a una construcción con sentido digna del ser humano y digna del paisaje donde se ubica. Quiero decirle hola a un deporte más limpio de sustancias y de abusos de todo tipo. Quiero decirle hola a una patria más auténtica y competente. Quiero decirle hola a una educación con más trabajo en equipo, con más desarrollo de las capacidades enormes que tenemos  y menos repetición de contenidos. Quiero decirle hola a una sanidad más humana, eficaz y que sepa desmontar todo lo que hay de negocio malsano en ella y de intereses farmacéuticos mezquinos. Quiero decirle hola a un agua pública que nunca nos ha dado un problema. Quiero decirle hola a gente que ha descubierto cosas buenas para el ser humano y que es silenciada por el interés corrupto. Decirle hola a una fruta que sepa a fruta y no a corcho, quiero decirle hola a aquello que suene a vida, a renovación, y no a  estancamiento.    
El lago helado espera el tenue sol del día uno. También yo espero que el sol de este día de invierno me haga bien sobre mis fríos temores, y los convierta pronto en algo más parecido a la cadencia sonora de un río. Es la una, y no tengo muy claro aún si he empezado el año en el lago, o es que sigo soñando bajo las sábanas de este día uno.   


viernes, 21 de diciembre de 2012

deseos inesperados de Navidad

















Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
.
Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.
.
Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.
.
Te deseo que siendo joven
no madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor
y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.
.
Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena,
que la risa habitual es sosa y
la risa constante es malsana.
.
Te deseo además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
y que por lo menos una vez por año
pongas algo de ese dinero frente a ti y digas
"Esto es mío"
sólo para que quede claro
quien es el dueño de quien.
.
Te deseo por fín que
siendo hombre, tengas una buena mujer
y que siendo mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al dia siguiente,
y que cuando estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.
.
Si todas estas cosas llegaran a pasar
no tengo más nada que desearte.


Feliz Navidad para todos.



 
textos de Victor Hugo, recompuestos por Victor José Tovar,al que me une el mundo de la gimnasia, y ahora su amistad.  




jueves, 13 de diciembre de 2012

el mundo en el fin del mundo















Me lo reveló mi amigo Víctor Vallejo, lo que el espíritu busca no es otra cosa que libertad y aventura. Probablemente algo de ese deseo haya en mí, un afán inconsciente por la libertad, y un deseo constante de aventura.  Es posible, pero ni afanes ni deseos tan enormes como los que sin  esperarlo me he encontrado esta mañana por aquí, en la Casa del Reloj, del ahora restaurado Matadero al lado de ese hermoso parque que es ahora Madrid-Río.
Se trata de una exposición de fotografías de Sebastián Alvaro, a lo largo de muchos años de su vida de aventurero, donde ha ido recogiendo impresionantes imágenes y momentos únicos, de la tierra, en zonas muy alejadas, donde la mano del hombre apenas ha alterado el paisaje.

A través de su mano y su mirada es un regalo y una sorpresa  poder contemplar a punto de estallar un volcán en Islandia, ver navegar un bloque cúbico de hielo en la Antártida , ver de cerca las lejanas  montañas de Paquistán, sentir la inmensidad de los desiertos de Egipto y de la China, hacernos cargo de  soledad de las montañas del Nepal, del miedo y el frío de una  travesía en barco desde las Malvinas, de lo que es andar por los solitarios hielos de los dos polos, del aterrizaje en helicóptero en un hongo gigantesco de hielo y nieve ,de un descuelgue en cuerda por las islas perdidas o un descenso en piragua por el río Indo. .

Imágenes todas ellas cargadas de emociones, de riesgo, y por mi parte de justa  admiración, por la magnitud del reto, y por la posibilidad de contemplar de alguna manera algo que nos hable  del universo en ese mundo buscado en el fin del mundo. A través de ellas  nos llega también unas veces algo del  miedo sufrido,  otras del frío , otras del calor y la deshidratación. Sensaciones físicas al límite que quizá alguno pudiera pensar si merece o no nunca mejor dicho la pena y el sufrimiento que han conllevado.

Sin embargo gracias a estos exploradores de la tierra, que no hay que verlos de ningún país en concreto, sino como patrimonio vivo de la humanidad, llegamos a tener una medida no solo del tamaño de estos rincones del planeta, sino también del tamaño de nosotros mismos, y de la  capacidad de romper límites una y otra vez .También de la posibilidad de realizar unos retos imposibles, que demuestran que el hombre es capaz de mucho más de lo que uno se creería en su pequeño mundo de cerca.

Al lado de estas travesías del desierto, o de romper el hielo en Groenlandia, al lado de las ventiscas heladas o de las tormentas de arena, nuestras pequeñas quejas por el camino de las pequeñas cosas que nos ocurren, la verdad es que son quejas un poco pobres y faltas de miras.

En esos rincones inhóspitos, la resistencia física no es otra cosa que al fuego o al hielo, a veces hielos solitarios como los de la Antártida, o a fuegos dorados y llenos de belleza como los del desierto de Egipto. A veces el hielo y el fuego unidos en un mismo punto, como en los volcanes de Islandia. Tan al límite todo, que la propia supervivencia queda siempre en peligro, con la amenaza  de que el hielo congele tu sangre, o de que el fuego te destruya. Sinceramente me quedo impresionado. Gracias a estas aventuras nos llega algo de esos  rincones solitarios de la tierra, una tierra de que pudiera parecer callada y quieta, pero que está  viva y en constante proceso de renovación. Ahí, en esos rincones grandiosos y solitarios, inertes y muy vivos a la vez, la mirada del hombre, puede ser de muchas maneras, pero a mí me ha sorprendido una mirada emocional de Sebastián Alvaro, que nos conecta con nuestros sentimientos.

Los hielos y los fuegos, nos hablan de nosotros mismos también. De nuestras pasiones y de nuestras tristezas. Lo que contemplamos, viaja con nosotros. Lo que escalamos venciendo nuestro propio peso siempre lo valoraremos, lo que navegamos casi a cuerpo en rafting cargados de adrenalina nos hace sentir vivos. Ante este paisaje uno se pregunta de que materia estarán hechas nuestras emociones, y uno sospecha que algo de estos paisajes están  también dentro de nosotros algo de fuego, algo de volcán, algo de hielo.Algo de agua, algo de sal….
Ahí están, a veces las controlamos, a veces nos sobrepasan, a veces desaparecen y vuelven a surgir por otro lado como la grieta de un glaciar en el polo. Seguramente no es necesario irse tan lejos, pero lo que lo que es seguro es que para escuchar algo de esto hay que salir del ruido y de lo habitual.  

Esa soledad y silencio de la tierra, conecta con la soledad y silencio interior de nosotros mismos. Una soledad  llena de amigos de verdad , y un silencio lleno de propuestas y de retos. Además la mirada del hombre a estos rincones inhóspitos, es también una mirada hacia nuestro interior.  En este espíritu de libertad y aventura detecto que va en paralelo, sentir la tierra como algo nuestro que tiene cosas que decirnos, y sentirnos a nosotros mismo como parte de la tierra ,en la  que a pesar de nuestra diminutez  disponemos a través de estos hombres únicos, de la grandeza de saber que es posible traspasar muchos límites, y que nuestro pequeño y a la vez grande ser humano ,siempre ha demostrado en mitad de la dificultad que es capaz de dar un paso más allá.  



fotografias de este post de Sebastian Alvaro.solo con caracter divulgativo de la exposición.